“El perito obedece a quien le paga”, ésta es una frase acuñada que a menudo se ha de escuchar (cuando no otras expresiones peores y más hirientes) y acompaña al profesional del peritaje como una sombra perenne que en ocasiones estigmatiza su profesionalidad y su credibilidad.
Bien es cierto que, en la medida en la que la verdad objetiva lo permite, existen diversas formas de mostrarla y de plasmarla sin que ello signifique desvirtuarla por medio de la falsedad, el olvido, el engaño o el disfraz.
¿Cómo se puede llevar a cabo este propósito?










